Diario La República – 30/11/2021

María Esteve

Socia y Directora General de LLYC Colombia

La transformación digital, -entendida como la aplicación de capacidades digitales a procesos, productos y activos para mejorar la eficiencia, potencializar el valor para el cliente, gestionar el riesgo y descubrir oportunidades de generación de ingresos- está de moda a razón del desarrollo y el impulso de las tecnologías exponenciales, así como de una mayor conciencia respecto a la necesidad de abrazar el uso de estas herramientas por una cuestión de supervivencia y competitividad empresarial.

Sin embargo, al ser un elemento relativamente nuevo, existe una inquietud sobre lo que realmente implica y respecto al cómo poder llegar a esa integralidad digital; pues a pesar de que hoy vemos a más compañías interesadas en este camino y dando sus primeros pasos mediante tecnologías como el blockchain, la realidad aumentada, la realidad virtual, las redes sociales y el internet de las cosas (IoT) para optimizar sus procesos, minimizar costos y maximizar su eficiencia, aún hay oportunidad de consolidar una transformación más sólida que reconozca el valor de los datos y, en especial, del Deep Digital Journey.

Esta inquietud, nos llevó a desarrollar un estudio para entender más y mejor el viaje hacia la transformación digital de las compañías, y así aportar valor y conocimiento a este proceso de evolución empresarial.

Dentro de los múltiples hallazgos, identificamos que a pesar de que 41% de los encuestados percibe que su proceso de digitalización es avanzado o experto, solo 10% de las compañías se encuentra realmente en el nivel más alto del proceso, es decir, un pequeño porcentaje ha logrado una evolución desde el Digital Being en el que solo se cuenta con una presencia y actividad mínima en el entorno digital, hacia el Deep Digital en el que se opera con una visión, planificación y ejecución completamente digital.

Es posible que estos resultados estén dados a razón de la diferencia misma entre la digitalización y la transformación digital, pues la digitalización, al ser la adopción de determinados procesos tecnológicos, no necesariamente se refleja en una transformación que incluya componentes culturales, del modelo de negocio, del modelo de relación o del uso de los datos.

Ya lo señalaba Harvard Business Review en su artículo “La Revaluación de la Transformación Digital”: “una verdadera transformación implica más que solo nuevas tecnologías. Requiere una visión estratégica y compromiso por parte de las altas instancias de la organización para replantear y reorganizar los tres atributos principales de la empresa moderna: su cultura, sus procesos y su tecnología”.

Y es que, aunque es claro que no hay una fórmula mágica para avanzar en dicha dirección, tenemos pistas del cómo y por dónde ir para que la transformación digital esté al servicio de la sostenibilidad de los negocios.

Por ejemplo, desde la cultura, estableciendo lo que hará que una empresa destaque y las implicaciones de esto en todo el andamiaje corporativo; desde los procesos, haciendo un uso más eficiente del first party data para conocer las necesidades de los grupos de interés y, a partir de allí, sostener relaciones de confianza que impacten positivamente en su percepción, en los resultados del negocio y en la oferta de valor que generan; y desde la tecnología, entendiendo que no solo se trata de comprar e invertir en ella, sino de utilizarla de manera estratégica en función de mejores resultados.

De allí, la importancia de trabajar la transformación digital de las empresas desde la base del negocio, para lograr capitalizar los beneficios que esta trae en términos de productividad, reducción de costos, satisfacción de clientes, nuevas oportunidades, trabajo en equipo e innovación, y sobre todo de diferenciación

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